La única forma de escapar de la locura es huir, huir hacia
ella. Huir a un mundo donde el límite entre lo real y lo imaginario está
marcado por nosotros mismos. Un mundo donde podemos estar rodeados de aquello
que más apreciamos, esté o no presente en la vida real. Un mundo donde podemos
manejar nuestro destino y cambiarlo cada vez que se nos antoje, hasta conseguir
aquello que queremos. Da igual si así "perdemos" los valores de
vivir, en este caso no importa si caemos y nos levantamos las veces que haga
falta, sino de ser feliz, aunque sea a través de juegos sucios creados por
nosotros. Carpe diem.
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